Desde la Repla Cofrade: EL INICIO DE UN LEGADO, LA SANTA CENA EN CARTAGENA. HISTORIA Y PROTAGONISMO
EL INICIO DE UN LEGADO, LA SANTA CENA EN CARTAGENA. HISTORIA Y PROTAGONISMO
Fue allá, en el siglo XIX cuando un conjunto de imágenes un tanto toscas llegaron procedente de Elche a la ciudad de Cartagena, documentado está que fue una obra del escultor levantino Antonio de Riudavest Lladó a pesar del infortunio oportunista de acreditación salzillesca. Así, la génesis de esta notable Agrupación se produce en 1883 en Elche, es el inicio de un gran legado que hoy en pleno siglo XXI no hemos llegado a calibrar, mucho menos a asimilar, una responsabilidad, que quizás escapa a lo humano trascendiendo a lo divino mientras banalizamos el sentimiento y la responsabilidad mediocremente como humanos que somos.
A partir de 1883, como ya he relatado, la Cofradía California enriquece su procesión del Miércoles Santo con un nuevo paso que fue adquirido al Gremio de Alpargateros de Elche y que, a su vez, fue comprado tres años antes a la parroquia de San Nicolás de Alicante, donde procesionaba desde 1775 procedente, así se creía entonces, del taller del ilustre maestro D. Francisco Salzillo Alcaraz.
Desde entonces, primero como paso dentro del seno orgánico de la Cofradía (hasta 1906, que dejó de procesionar) y, más tarde (desde 1935 hasta nuestros días), como Agrupación dentro de la Hermandad encarnada, la Santa Cena se convirtió en un referente para la tarde-noche del Miércoles Santo. Agrupación austera e innovadora, a sus hermanos se debe la fundación del primer tercio femenino juvenil que desfilara el Domingo de Ramos (1954-1960) y la creación de una nueva agrupación dentro de aquélla que procesionaria hasta hoy el único Cristo crucificado que milita en el seno encarnado (1956), y que ha logrado convertir al Jueves Santo cartagenero en un referente de los desfiles pasionales de toda la Región, esbozando un sentimiento, que produce un sobrecogimiento del alma, al cristiano y al laico que contempla el cortejo, como contrapunto del derroche de luz y color pasional que ambienta la ciudad en la noche del Miércoles Santo.
El grupo escultórico de la Santa Cena llega a Cartagena en la semana Santa de 1883 e inicia su andadura por la ciudad, causa muy buen efecto según se escribía en las crónicas del momento…, posesiona bajo un viento impetuoso y desapacible que reinó durante todo el día, acompañado de grandes nubes, pero como si de un mandato divino se tratara, la calma presidió el ocaso y quedó una noche espléndida, típica de la más deliciosa primavera, estado meteorológico que permitió un total lucimiento en la noche del debut de la Santa Cena en Cartagena. Esto pasó un 21 de marzo de 1883, tras penurias e infortunios nos adentramos viajando con la tinta en el tiempo, más allá…en las últimas semanas del año 1934, cuando una resolución decidió la desaparición del tercio y trono de Santiago en la procesión del Miércoles Santo y, en su lugar, efectuar los esfuerzos económicos necesarios para que la Santa Cena volviera a procesionar en la representación pasional de ese día, responsabilidad de la Cofradía del Prendimiento.
Del cuadro de hermanos penitentes de Santiago surgió un grupo inicial de trabajo, que bajo la dirección del Mayordomo don Alberto Duelo y el Consiliario de la Cofradía don Antonio Colao, se encargaron de hacer resurgir el paso de la Santa Cena, que, durante décadas (desde 1907), dejó de procesionar, habiendo sido uno de los que mayor expectación creaba durante el cortejo procesional de Miércoles Santo, y así, con el esfuerzo de todos y la decidida cooperación de la Cofradía, conjuntamente contando con la protección de la más fuerte entidad industrial de nuestra ciudad (primero fue Construcciones Navales, posteriormente fue E. N. BAZAN., IZAR y hoy NAVANTIA), fue posible convertir un nostálgico sueño en realidad. Se hizo el vestuario, se restauraron las imágenes, se encargó al artista cartagenero Federico García Latorre la construcción de un trono y todo se puso a punto para volver a lucirse en. Ésta era la noble intención cuando se fundó la Agrupación en 1935, pero desgraciadamente, no se culminaría hasta cinco años después. Fue este 1935 un año anodino que presagiaba los profundos problemas socioeconómicos que bajo la República se estaban gestando en la maltratada sociedad española y, por supuesto, en la cartagenera. Un 13 de abril de 1935 se celebró la festividad de la Patrona livianamente bajo un gobierno republicano abstemio de la cultura y la idiosincrasia popular llegando a 1936.
“¿Van a salir las procesiones?”, “¿se quedará Cartagena sin Semana Santa?”, estas y otras interrogantes se formaban continuamente en las mentes de los cartageneros -quien iba a pensar que no sólo sin Semana Santa, sino que hasta sin patrimonio artístico procesionil se quedarían los cartageneros-. La Cofradía California preparaba con el mayor afán y actividad el paso de “la Cena”. Se trabajó muchísimo para recrear el espléndido paso, obra de Riudavest. Trabajo que presentaba bastantes dificultades, pero todas fueron superadas con esfuerzo e ilusión. Se terminó el mantel y la vajilla, traída expresamente de Alemania. Este era el sentimiento californio del triste año de 1936, la reaparición de la Santa Cena.
El Ayuntamiento, que aportaba 10.000 ptas. de ayuda, no las puede dar; el comercio se tambalea: de hecho, son las cofradías las que aportan dinero al Consistorio para ayudas sociales, exactamente 500 Ptas. por cofradía para alivio del paro obrero; así fueron ofrecidas y aceptadas con reconocimiento por el entonces alcalde don César Serrano.
La suspensión de los cortejos no impidió a los cartageneros rendirles el máximo culto a sus imágenes en las iglesias de la ciudad y celebrar cuantos actos litúrgicos se presentaban. El día de la Patrona se bendijeron los sudarios de la Samaritana y de la Santa Cena, sudario blanco con destellos de plata y recargado de bordados en oro, se realizó sobre tisú de plata, bordado en oro, hecho en los talleres del Asilo de San Miguel. Éste es el estandarte más alto de cuantos posee la Cofradía California y el de mayor envergadura de la Semana Santa cartagenera. Así pasó la Semana Santa en un año que desembocaría en una cruel contienda que rompió los corazones españoles y, sobre todo, los cartageneros, abriendo un forzoso paréntesis en nuestra querida Semana Santa y postergando la efectiva fundación de la agrupación.
Tras la contienda se hizo inventario de lo que se había salvado y perdido, poco lo primero y abundante lo segundo. Se reorganizó todo para procesionar con los “supervivientes”, destacando “la Cena”. El trono se encontraba en un lugar apartado en lo que entonces se llamaba “ensanche”, y una bomba incendiaria, que cayó en el mismo Villa Pilatos durante un bombardeo, atravesó el techo del almacén, la mesa y piso del trono de la Santa Cena, insertándose en el suelo del mismo sin llegar a explotar, como respetando el significado del Sacramento. Las tallas de la Cena se salvaron milagrosamente. Quizás el motivo de este milagro haya que situarlo en la Casa de Misericordia, lugar relativamente respetado por las tropas republicanas, ya que fue la cuna de un gran número de ellos, donde se cobijaron durante la contienda Jesús y sus discípulos. El sudario, mantel, vajilla y otros ornatos se guardaron en casa de la familia Duelo.
Por fin llego el esperado momento de la procesión y el debut eucarístico un Miércoles Santo, 20 de marzo de 1940 a las 8 de la tarde. Así comenzó el periplo de una Agrupación dotada del manto divino sacramental de la Eucaristía y que la miseria humana ha condenado en reiteradas ocasiones a lo profundo de la mediocridad, muchos han sido los problemas que la agrupación ha tenido en su existencia, finalizó la década de los 60 con problemas profundos de dirección y mecenazgo cofrade, y así hasta la fecha, como en las más vetustas leyendas de caballerías esta insigne Agrupación Sacramental, maltratada por la hipocresía y la banalidad humana sigue buscando su particular grial, la paz de espíritu y el sosiego del alma, quizás es tanta la responsabilidad que la capacidad humana es incapaz de estar a la altura de tan importante y divina responsabilidad..
El Papa Juan Pablos II destacó en su CARTA ENCÍCLICA ECCLESIA DE EUCHARISTIA, Jueves Santo 17 de abril del año 2003, vigésimo quinto de su Pontificado y Año del Rosario… «El Señor Jesús, la noche en que fue entregado» (1 Co 11, 23), instituyó el Sacrificio eucarístico de su cuerpo y de su sangre. Las palabras del apóstol Pablo nos llevan a las circunstancias dramáticas en que nació la Eucaristía. En ella está inscrito de forma indeleble el acontecimiento de la pasión y muerte del Señor. No sólo lo evoca, sino que lo hace sacramentalmente presente. Es el sacrificio de la Cruz que se perpetúa por los siglos…, tengo el presentimiento de que pasarán siglos hasta que comprendamos, no de forma chabacana, sino francamente espiritual la responsabilidad que infiere este legado, en su representación ésta como decía el Papa Juan Pablo II, la esencia del Misterio del Jesús, la de su Pasión, su Muerte y su Resurrección, legado que nos implica de forma determinante con el resto de cofrades de nuestra magna catequesis de oración y reflexión. La Santa Cena, además del oro viejo y blanco papal, se adorna en su espíritu místico de un crisol de colores que, de modo eterno representa nuestro más noble acto de Fe, y está por encima de intereses personales y de las miserias humanas del egocentrismo.
Andrés Hernández Martínez